Justicia para Argentina

El atentado contra la vida de Alberto Nisman deja muy en claro el estado – decadente – en el que se encuentra la política Argentina.

Las políticas estatistas – y de la mano, la política de represión – orquestadas por Fernández de Kirchner, han generado resentimiento no solo en la sociedad, pero también en el resto del mundo. El diario “El Clarín” es un claro ejemplo de tal represión. Los constantes ataques por parte de “La Presidenta” a la intención de la prensa de hacer valer su derecho a la libertad de expresión han empujado a la sociedad más allá de los limites permitidos (no que este permitido que un gobierno empuje a su población en cualquier caso) que cualquier persona puede aguantar.

En el corto plazo este empuje ha creado una respuesta de la población que se ha manifestado en forma de los famosos cacerolazos. No solo esto, pero también ha apretado la aprobación – mas parece desaprobación – de Cristina a un paupérrimo 29%. Y para culminar ha desatado una reacción en cadena que en largo plazo se manifestará con la culminación del gobierno actual en Octubre de este año y un rotundo “No” a su reelección.

Económicamente la nacionalización de la petrolera española Repsol YPF tampoco ayudó a la percepción del mundo sobre los problemas internos que Argentina está sufriendo. La maduración de los yacimientos en explotación (en otras palabras; el incremento sostenido de extracción de hidrocarburos y la falta de anexo de nuevos yacimientos) ha creado una dependencia de importación de hidrocarburos y una necesidad de recurrir a países “rebeldes” en necesidad de exportación de tales recursos.

Países como Irán, que sobre su espalda pesa una sanción desde la revolución Iraní (1979) que ha sido expandida gradualmente con el paso de los años por parte de EEUU y las Naciones Unidas, principalmente. Estas han afectado a Irán de manera agravante, y de igual manera que Argentina; lo han arrinconado a buscar alianzas con sus “pares”.

Sanciones económicas como la prohibición en la inversión y comercio son parte de la cadena de eventos que han llevado a Irán a buscar (o mejor dicho: rebuscar) a socios en regiones con poca – o en este caso con una – historia en común. Si bien se trató de concretar un acuerdo en el 2013 por el caso Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA); en el que 85 personas murieron tras la explosión de un coche bomba fuera del centro Judío, todo parece indicar que este es un acuerdo quid pro quo en el cual Argentina importaría petróleo de Irán y a cambio estos recibirían un cese en las investigaciones y consecuentemente impunidad por el ataque a la AMIA.

El rol de Alberto Nisman fue de investigar los hechos de este atentado cuando tomó la posta de la pesquisa en el 2005. Sus informes indican que fue Hezbollah quien cometió el atentado (financiado y planeado por altos funcionarios Iraníes). Públicamente declaró que había obtenido intercepciones telefónicas en donde se discutía entre miembros del servicio de inteligencia Argentino y oficiales Iraníes los detalles del pacto. La intervención de Hezbollah, respaldada por los funcionarios Iraníes, en Argentina, significa el esparcimiento del movimiento Islámico en América Latina en consecuencia al arrinconamiento por parte del resto del mundo.

Estos últimos días han demostrado que esa hipótesis es cierta. Irán está cambiando el uso del USD por Yuan Chinos, Lira Turka, Rubla Rusa y Won Surcoreano en búsqueda de una alianza estratégica geopolítica. Además, esta alianza no se limita a lo económico, pero también se expande al ámbito militar. Rusia y China son prominentes aliados en este enriquecimiento militar y no es tan difícil discernir porque Irán ha puesto sus ojos en Argentina (y posiblemente América Latina). Venezuela, Argentina, Ecuador y hasta quizás Bolivia son nichos de resentimiento contra políticas económicas (que su fallo deplorable se le amerita a las políticas mismas y no a los políticos que las aceptaron) impuestas por el FMI y EEUU. Entonces es claro comprender porque Irán busca un mejoramiento de relaciones con Argentina, un aliado político y económico, y también una puerta de entrada a un continente con deseos de romper las ataduras al antiguo orden periférico.

Tras casi 10 años en el cargo – impuesto por el difunto Néstor Kirchner – Nisman tenía programado comparecer ante el congreso el pasado Lunes 19 de Enero, pero su llegada nunca se concretó. Su muerte – causada por un disparo en la cabeza – aún no está esclarecida, pero se especula que Fernández; Héctor Timerman (canciller); Andrés Larroque (diputado); Luis D’Elía (piquetero); y el activista de Quebracho; Andrés Esteche, estarían detrás del complot. Estas denuncias se suman a las especulaciones de que Cristina envenenó a su ex-esposo y alimentan la rabia de un pueblo que no ha tenido la oportunidad de vivir en plena libertad por más de unos años (si quiera). Junta militar tras junta militar, gobiernos corruptos, Presidentes prófugos de la ley y ahora una Presidenta que no tiene ningún miedo de matar al que se alce en su contra.

Las elecciones son en Octubre. ¿Aguantará Cristina hasta entonces, o será el pueblo y la justicia la que dicten su futuro? Por el momento no hay pruebas suficientes que dicten una sentencia final, pero Argentina se está acercando a un punto de inflexión, respaldado por cacerolazos, demandas sin fin por parte del pueblo, y ahora, además, la muerte de un Fiscal que se atrevió a levantar la voz (respaldado de evidencias) en contra de la injusticia de su Presidenta.

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